El hombre quieto
no se envanece
la imagen no mira
mira su costado
se asoma al borde de la voz
delimita espacios oxidados
rasga sus vestiduras de musgo
se siente mendigo
detrás de puertas
que saben a madera muerta
intento de huir
de sí mismo
sin tropezar
y no caer sobre el polvo de las palabras.
ADELINA FONTANELLA
Del libro “Amalgama” 2019