El motor de un sueño: el abuelo campanense que construyó una Ferrari para su nieto
Enzo Di Lallo transformó tres meses de trabajo artesanal en un regalo inolvidable para Benjamín, uniendo la pasión por los fierros con el amor familiar en la ciudad que vio nacer al primer automóvil argentino. La famosa casa de deportes Punta del Diablo, lo exhibe durante todo el mes.
La ciudad de Campana guarda en su ADN el rastro de los engranajes y la mística de los pioneros. En estas mismas calles donde hace más de un siglo Manuel Iglesias dio vida al primer automóvil argentino, hoy la historia se repite con un matiz diferente, mucho más íntimo y conmovedor. No se trata de una producción industrial ni de una ambición de mercado, sino del desafío que Enzo Di Lallo, un querido vecino de nuestra comunidad, aceptó sin dudar cuando su nieto Benjamín, de apenas seis años, le hizo un pedido cargado de raíces y herencia italiana. El pequeño, fanático de las tradiciones que corren por su sangre, quería que su fiesta temática de este año tuviera como protagonista a una Ferrari, y su abuelo puso manos a la obra para que ese deseo no se quedara solo en la imaginación.
Lo que comenzó como un modesto proyecto de un modelo a escala fabricado en fibra de vidrio fue cobrando una dimensión impensada a medida que el entusiasmo de Enzo crecía con cada jornada de trabajo. El proceso de construcción demandó tres meses y medio de dedicación absoluta, donde el ingenio suplió cualquier carencia técnica. El pequeño juguete inicial evolucionó hasta convertirse en un vehículo real, equipado con un motor de 110 centímetros cúbicos perteneciente a un cuatriciclo. Para darle el toque final de autenticidad, Enzo no escatimó en detalles y consiguió la pintura roja característica de la escudería de Maranello, logrando un acabado que despierta admiración en cualquiera que se cruce con la máquina.
El diseño elegido no fue azaroso, ya que Enzo buscó homenajear la rica historia del automovilismo nacional e internacional. Con orgullo, el constructor explicó que la intención fue replicar la primera Ferrari que utilizó Juan Manuel Fangio, motivo por el cual el vehículo luce una placa con el año 1929. Aunque reconoce con humildad que existen diferencias lógicas con el modelo original, asegura que el resultado final es sorprendentemente parecido y que el esfuerzo valió la pena al ver la reacción de su nieto. Es una pieza única que combina la nostalgia de las épocas doradas de las pistas con la ternura de un gesto que quedará grabado para siempre en la memoria de la familia Di Lallo.
La repercusión de esta obra artesanal fue tal que traspasó las puertas del taller familiar para llegar al corazón del centro comercial de nuestra ciudad. Daniel Rutilo, propietario del emblemático local deportivo Punta del Diablo ubicado en la Avenida Rocca 164, quedó impactado por la historia y la calidad del trabajo, por lo que decidió invitar a Enzo a exponer la Ferrari en su vidriera. Durante todo un mes, los vecinos y los fanáticos "fierreros" de la zona tendrán la oportunidad de acercarse al local para conocer de cerca esta creación, sacarse fotos y celebrar este nuevo hito de la inventiva campanense. En la cuna del automóvil, una vez más, cuatro ruedas y un motor sirven de excusa para contar una historia de amor, legado y raíces que se transmiten de generación en generación. Y para ello, lo harán en un comercio donde también, desde hace años, se vinculan la familia campanense y el deporte.
Lo que comenzó como un modesto proyecto de un modelo a escala fabricado en fibra de vidrio fue cobrando una dimensión impensada a medida que el entusiasmo de Enzo crecía con cada jornada de trabajo. El proceso de construcción demandó tres meses y medio de dedicación absoluta, donde el ingenio suplió cualquier carencia técnica. El pequeño juguete inicial evolucionó hasta convertirse en un vehículo real, equipado con un motor de 110 centímetros cúbicos perteneciente a un cuatriciclo. Para darle el toque final de autenticidad, Enzo no escatimó en detalles y consiguió la pintura roja característica de la escudería de Maranello, logrando un acabado que despierta admiración en cualquiera que se cruce con la máquina.
El diseño elegido no fue azaroso, ya que Enzo buscó homenajear la rica historia del automovilismo nacional e internacional. Con orgullo, el constructor explicó que la intención fue replicar la primera Ferrari que utilizó Juan Manuel Fangio, motivo por el cual el vehículo luce una placa con el año 1929. Aunque reconoce con humildad que existen diferencias lógicas con el modelo original, asegura que el resultado final es sorprendentemente parecido y que el esfuerzo valió la pena al ver la reacción de su nieto. Es una pieza única que combina la nostalgia de las épocas doradas de las pistas con la ternura de un gesto que quedará grabado para siempre en la memoria de la familia Di Lallo.
La repercusión de esta obra artesanal fue tal que traspasó las puertas del taller familiar para llegar al corazón del centro comercial de nuestra ciudad. Daniel Rutilo, propietario del emblemático local deportivo Punta del Diablo ubicado en la Avenida Rocca 164, quedó impactado por la historia y la calidad del trabajo, por lo que decidió invitar a Enzo a exponer la Ferrari en su vidriera. Durante todo un mes, los vecinos y los fanáticos "fierreros" de la zona tendrán la oportunidad de acercarse al local para conocer de cerca esta creación, sacarse fotos y celebrar este nuevo hito de la inventiva campanense. En la cuna del automóvil, una vez más, cuatro ruedas y un motor sirven de excusa para contar una historia de amor, legado y raíces que se transmiten de generación en generación. Y para ello, lo harán en un comercio donde también, desde hace años, se vinculan la familia campanense y el deporte.